La Dea Fortuna - Reseña de la nueva película de Ferzan Ozpetek

Quien soy
Aina Martin
@ainamartin
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Alejandro (Edoardo Leo) y Arturo (Stefano Accorsi) han estado juntos durante quince años y el suyo es un afecto importante, pero la pasión se ha desvanecido y su relación está en crisis. La inesperada llegada a sus vidas de los hijos de Annamaria (Jasmine Trinca), la mejor amiga de Alessandro y figura de referencia de la pareja, confiada a él mientras ella se somete a los controles médicos, podría dar nueva vida a su amor. O darle el golpe de gracia y llevarlo a su inevitable y doloroso final. Entre personajes extraordinarios, gestos de maravillosa locura y pasión, Ferzan Ozpetek Vuelve a contar la fatigosa búsqueda de la felicidad y la pureza de los afectos.



La Diosa Fortuna tiene un secreto, un truco de magia. ¿Cómo mantienes siempre contigo a alguien a quien amas mucho? Tienes que mirarlo fijamente, robaste su imagen, cierras los ojos de golpe, los mantienes bien cerrados. Y baja a tu corazón y desde ese momento esa persona siempre estará contigo.

Un agradable regreso a los éxitos del pasado, el de La diosa fortuna, donde el director turco vuelve a trazar la poesía de los mejores capítulos de su filmografía: a medio camino entre Le Fate Ignoranti (2001) y Saturno Contro (2007), Ozpetek dibuja un universo familiar ampliado y colorido (donde no podía faltar la musa del director, la muy simpática Serra Yilmaz), justificada no por los parientes consanguíneos sino por la fuerza de los lazos, un condominio (y aquí las referencias a Las Hadas Ignorantes son inevitables) que es una casa grande, un gran corazón. Y luego una pareja, un amor entre dos personas distintas y complementarias (Alessandro, fontanero rudo pero sabio, y Arturo, traductor culto tendiente al capricho) en crisis desde hace algún tiempo. Y finalmente la enfermedad, otro topos narrativo de la directora, aquí el del cerebro de Annamaria, que se cierne sobre su vida de ella y sus seres queridos, pone a prueba los afectos, trastorna el presente y diseña un futuro incierto.



Ozpetek quiere decir que su última película es una película coral, formada por personajes a los que no se puede renunciar, pero en el centro de este universo hay una pareja incapaz de entender qué ha sido de la pasión que compartieron y qué será de su futuro juntos. La Diosa Fortuna es la historia de un amor que termina, o tal vez se perdió entre demasiadas expectativas, o simplemente cambió de forma. Y quizás será la aparición de estos dos niños, ciertamente anómalos (Martina, extremadamente lista para su edad, y Alessandro, dotado de una empatía extraordinaria) para dar nueva vida a la pareja y nueva forma a su relación (ya no amantes, sino padres).


El director no construye una historia en detalle, sino que deja respirar las situaciones e iluminar a los muchos personajes, haciendo que la película sea excepcionalmente cálida y sincera. La diosa Fortuna no es nada nuevo ni se distingue de obras ciertamente mejores de Ozpetek, pero no obstante es generoso en sentimiento, actuaciones loables (con especial elogio al personaje de Edoardo Leo, proletario pragmático y rudo con corazón de padre) y momentos encantadores. : la escena del “baile” bajo la lluvia, acompañada del ritmo exótico y la voz del cantante turco Sezen Aksu (ya presente en Mine Vaganti), permanecerá contigo mucho después de los créditos. Garantizado.


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